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Guadua de talla mundial  

El gurú del bambú y 250 expertos de 22 países se reúnen esta semana en Pereira. ¿Por qué el Eje Cafetero se convirtió en la meca internacional de este producto? Desde campesinos sobrevivientes del terremoto de 1999, hasta grandes empresarios, empiezan a vivir del "acero vegetal".
Revista Cromos*
28/09/04

E duardo Marulanda se salió con la suya. Acaba de despachar hacia España un contenedor con 18 toneladas de guadua de alta calidad. Vendió a dos dólares el metro. El destino de este cargamento de bellos postes rollizos y amarillos será la fachada de decenas de casas de veraneo en la Costa del Sol de la península Ibérica. Se le nota la cara de satisfacción. Desde hace quince años se le metió en la cabeza que la guadua sirve para algo más que conservar las fuentes de agua de la zona cafetera y cercar los potreros ganaderos. "Es la madera del futuro". Fue sólo después del terremoto del Eje Cafetero, en enero de 1999, cuando lo dejaron de tildar de loco y le prestaron la atención suficiente. Luego de esa tragedia ocurrieron al tiempo tres hechos que llevaron a que en Colombia se redescubriera la guadua: quedó en evidencia que las pocas construcciones hechas en este material sufrieron menos daños que las que dependían del concreto; los habitantes del corregimiento de Quebrada Negra, en Quindío, decidieron reconstruir su caserío con guadua y la Agencia de Cooperación Alemana para el Desarrollo (GTZ) los financió. Doce familias de Quebrada Negra, hasta entonces dedicadas al cultivo del café, crearon la Asociación Campesina Tecniguadua. Aprendieron construyendo sus nuevas viviendas. El alemán Michael Tistl, coordinador de GTZ en la zona, los convenció de que además de ayudarlos a superar la emergencia la guadua podía convertirse en una alternativa laboral ante la crisis del grano. Tanto Tistl como Eduardo Marulanda impulsaron a la Universidad Tecnológica de Pereira (UTP) para que la Facultad de Ciencias Ambientales empezara a investigar sobre las posibilidades del bambú colombiano.

Cinco años después, Tistl no duda de que la UTP y el Eje Cafetero son reconocidos como la meca mundial del estudio de la guadua. Esta semana se realiza en esa universidad un congreso mundial al que asisten 250 expertos de 22 países y un centenar de especialistas colombianos. El evento atrajo ambientalistas provenientes de la India y Hawai. La delegación científica estará encabezada por el gurú internacional del bambú, el alemán Walter Liese. Para él, el caso colombiano no es desconocido. Ha asesorado investigaciones como la del proceso de secado solar de la guadua, con la cual el colombiano Jorge Montoya se convertirá en PhD de la Universidad de Hamburgo. Como Montoya, otro PhD, Juan Carlos Camargo, y una decena de investigadores nacionales más, con maestrías en el tema, consolidaron lo que en Pereira se llama "la escuela de la guadua" y lo que los alemanes bautizaron "la generación del acero vegetal". Durante el simposio habrá 40 ponencias internacionales y serán revelados los resultados de tres años de investigaciones científicas del Proyecto Guadua-Bambú, financiado por la Unión Europea y Colciencias.

Tanto los análisis locales como internacionales han demostrado que la guadua colombiana es de las que mayores propiedades físicas y mecánicas tiene en el mundo. Es más resistente que la china -la potencia mundial del bambú- sobre todo en materia de construcción. Ha superado al acero en pruebas de capacidad de carga y elasticidad. Aunque las llamadas "cañas gordas" fueron muy utilizadas por los españoles en la época de la Colonia para la construcción de casas, los alemanes Alexander von Humboldt y Kunt fueron los primeros en clasificarla y estudiar sus propiedades. Sin embargo, la guadua pasó prácticamente al olvido durante dos siglos. El empresario Eduardo Marulanda recuerda que, durante cinco generaciones de su familia, la finca Nápoles tuvo 300 hectáreas de guadua silvestre sin que le prestaran atención. "¿Usted se chifló? La guadua es sinónimo de pobreza", le decían. Después del terremoto, cuando se empezó a hablar de la guadua en Europa, él ya tenía listo un sistema de producción y de comercialización. Se propuso demostrar que podía convertirla en producto de exportación para ricos del Viejo Continente.

Marulanda encontró un aliado clave, el arquitecto Simón Vélez, el hombre que le dio estatus a la guadua a través del diseño de edificios públicos. Con la asesoría de Vélez y de los alemanes, las exportaciones de Marulanda empezaron por la puerta grande. El primer embarque llegó a principios del 2000 al Museo de Vitra, en Francia, donde un grupo de reconocidos arquitectos europeos se había reunido para conocer nuevas técnicas de construcción. Fue la novedad. Luego vino la construcción de un pabellón completo para la feria de Hannover, y la guadua colombiana se posicionó como un producto exclusivo. Ahora, gracias a que salvó 210 hectáreas de cultivos centenarios, Marulanda exporta a cuatro países de Europa, a Centroamérica, a Estados Unidos y a Jamaica. Mientras tanto, los campesinos de Quebrada Negra demostraron que es una alternativa real para la economía local. Compran un palo de guadua a mil pesos y, luego de procesarlo, venden el metro a 2.400 pesos. La prueba es la construcción de estructuras y fachadas en fincas y urbanizaciones de Pereira y Armenia. "Teníamos la materia prima a la mano -advierte el administrador ambiental John Jairo Ocampo- y no la habíamos valorado".

En Colombia se conservan cerca de 55.000 hectáreas de guadua natural de las 200.000 que, se calcula, alguna vez hubo. Casi la mitad se levantan hasta 25 metros en medio de los cafetales en crisis de Risaralda, Quindío y Caldas. Todavía son pocos los hacendados, como Marulanda, que le han apostado a este mercado. El dueño de Nápoles ya se arriesgó a sembrar diez hectáreas más pensando en el futuro y hay empresas como Agroguadua, en Quimbaya, que también se especializaron y exportan. "Este es un proceso lento -dice el alemán Michael Tistl- pero que consolidará una nueva alternativa económica para Colombia". Lo más importante para expertos locales, como el ingeniero Jorge Montoya, es que la universidad ha generado mucho conocimiento científico que ahora debe ser transmitido a los habitantes del Eje Cafetero para que se pase de casos aislados a la construcción de una generación de guadueros.

Por ahora la elaboración de artesanías está disparada en la regió, pero no todo el mundo sabe cómo procesar el material e inmunizarlo para garantizar su durabilidad. "Lo más difícil es consolidar una cultura científica de la guadua -explica el administrador ambiental Tito Morales- para que se aprenda a explotarla de una manera sostenible y con estándares de alta calidad". Eso implica crear también un mercado nacional de la guadua. Y para allá van. Ya se habla incluso de experimentos para producir licor de guadua. Además, el ejemplo de la asociación campesina de Quebrada Negra fue seguido por una similar en Marsella (Risaralda), otra en el Valle y muchas más que se espera generar a través de talleres regionales del Sena. Tistl habla de un potencial a corto plazo de diez mil empleos, dependiendo de las iniciativas privada, comunitaria y gubernamental. Ya existe una cadena productiva del sector, pero el apoyo oficial todavía no lo sienten ni en Quebrada Negra ni en la finca de Marulanda. De todas maneras, él está modernizando su planta de producción porque "Colombia tiene la tecnología de punta y la guadua es la madera del siglo XXI".

 
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